⭐⭐⭐⭐

Tras pasar muchos años en Brasil, el médico y poeta Ricardo Reis regresa a Lisboa para encontrarse con el fantasma de su amigo, y creador, Fernando Pessoa, un fantasma que va desapareciendo lentamente hasta esfumarse del todo en el espacio de un año. Las conversaciones de Reis y Pessoa, que van puntuando el relato, son sin duda lo mejor de la novela. Saramago aprovecha el contexto de la década de 1930 para narrar además, al fondo del escenario, el ascenso del Estado Novo portugués, la guerra civil española, el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán: esto está muy bien logrado también. Lo que no funciona mucho, en cambio, es el propio Reis como personaje: nunca termina de verse como un poeta, como el poeta que fue, y su historia toma un largo desvío para mostrarlo como un macho seductor (proyección tristemente obvia de del escritor). Como siempre con Saramago, deslumbra el despliegue lingüístico, la capacidad de sostener frases largas o subordinadas, la erudición y el juego. Le aplica perfectamente el verso de Pessoa que cita en algún momento: "Si no dijéramos las palabras todas, incluso absurdamente, nunca diríamos las necesarias".
