Leído: 13/9/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Cinco estrellas porque no hay seis. Luiselli domina el recurso autoficcional con la historia de una escritora recien separada que emprende un viaje con su hija adolescente tras las huellas de su origen familiar, en Sicilia. La abuela de la escritora, la Nanna, había emigrado desde allí hacía México, un siglo atrás, llevando con ella un mosaico encontrado en las ruinas de una villa romana; el mosaico representa a Proteo, un dios marino que, si es cazado, aunque se oculte en diversas metamorfosis, adivina el futuro. Con Proteo en la mochila, la escritora y su hija inician un viaje al pasado, genialmente pautado por la pérdida de memoria de su propia madre y abuela, la hija de la Nanna, que está siempre con ellas a través de mensajes y llamadas. Cuatro mujeres, entonces, cuatro generaciones, trenzadas en una historia que va y vuelve con maestría entre la memoria y la imaginación. El estilo es el mismo conjunto de fragmentos e incisos que ya había probado Luiselli en Desierto sonoro, y que aquí ya ha perfeccionado.
Simulando que no tiene un plan, Luiselli abandona a su personaje entre notas de viaje y borradores del proyecto fallido de una novela, pero el lector atento va entendiendo que esa es, precisamente, la novela, el género que Luiselli ha sabido explotar hasta los límites del ensayo sin perder nunca el pie: las reflexiones que causa la propia narración en sus protagonistas son siempre agudas y nunca están fuera de lugar; las referencias son eruditas sin ser pesadas, y siempre están justificadas. El modo en que las metamorfosis de Proteo (o la Historia Natural de Plinio el Viejo) se van revelando como claves de la estructura narrativa, es una muestra de oficio incontestable.
Imposible leer sin subrayar, sin asombrarse, sin aprender, sin emocionarse también por la propia historia del viaje al interior de la isla, al interior de sí mismas, que emprenden la madre y la hija siguiendo el rastro de la abuela y la Nanna. Cuando en un momento culminante, perdidas en el campo, se encuentran con un grupo de burros, la escena es tan bella que duele. Hay grandes novelas que se construyen alrededor de un momento como ese: una epifanía imposible sin la juiciosa construcción de un universo ficcional que la contiene en su centro.
Imposible cerrar esta reseña sin citar al menos una idea que atraviesa la novela, como principio, pero también como conclusión inevitable de la propia historia: "La imaginación mira hacia adelante y la memoria mira hacia atrás, y el lugar donde se encuentran es la ficción".
Leído: 6/9/26
⭐⭐⭐

La familia Romano, padre, madre, dos hijos y niñera, va de vacaciones a Las Vegas durante la dictadura militar argentina. El padre Romano trabaja en publicidad y le va bien, está pensando siempre en posibles negocios, pero es lo bastante inteligente como para que sus divagaciones se conviertan siempre en otra cosa, en observaciones sociológicas o psicoanalíticas que se toman el relato de improviso cada tanto. La joven niñera tiene los estrógenos por los cielos y sus fantasías sexuales, cada vez más enrevesadas, cruzan también el libro con esa capacidad que tiene Fogwill de descoyuntar la narración. El propio narrador entra sin permiso a hacer observaciones metaficcionales o simplemente a señalar un dato. El resultado es errático: ningún personaje termina de quedar caracterizado, ninguna línea narrativa o argumental se completa, y algunas eran bastante prometedoras, como la tensión sugerida entre la violencia de la dictadura y el espectáculo de Las Vegas. Se siente un poco como un proyecto dejado de lado.
Leído: 1/9/26
⭐⭐⭐

Un historiador que advierte el inminente fracaso de su carrera viaja a Los Ángeles para intentar un último truco: desempolvar las cartas que el olvidado expresidente Warren Harding intercambió con una de sus amantes. La novela narra la cacería de estos papeles en clave de sátira policiaca, pero es también un viaje a las profundidades del jet-set hollywoodense de los años ochenta. Lo primero está muy bien: revela una investigación juiciosa de la política estadounidense de la década de 1920 y una increíble capacidad de hacer divertido semejante tema. Lo segundo, la comedia de equivocaciones entre estrellas decadentes y artistas del engaño, no ha envejecido muy bien: la mayor parte del humor se sostiene en la misoginia, el elitismo o, directamente, la ramplonería. Es una novela divertida, pero ya no tanto.
Leído: 20/8/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Esta es la primera novela de Roth, escrita a sus 24 años. La protagoniza Neil Klugman, de 23, y narra el año en el que Neil y la inalcanzable Brenda Patimkin se hicieron novios para romper, meses después, lanzando a Neil al umbral de la adultez. En el relato se trenzan las tensiones de clase, el deslumbramiento de Neil ante la riqueza de los Patimkin, la ingenuidad de sus aspiraciones ("tal vez podría aprender a ser un Patimkin"), la sutil violencia del rechazo mutuo; pero también hay tensiones de género, malentendidos empeorados por las hormonas, crueldades y estupideces de lado y lado, pero sobre todo del propio Neil: en Roth los personajes nunca fueron santos, y eso puede ser molesto para algunos lectores, pero yo creo que esa exploración de nuestras contradicciones es un gran logro narrativo.
Es impresionante cómo, aún tan joven, Roth conoce a sus personajes, cómo entiende la complejidad de su carácter; aquí ya está clara su capacidad de observación, la agudeza de sus comentarios sociales, su maestría en los diálogos, su olfato para las escenas culminantes, como ese maravilloso monólogo de Leo Patimkin, borracho al final de una fiesta, sirviendo de metonimia para todo el relato. Otra lección de escritura de Roth.
Leído: 15/8/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Qué sorpresa fue para mí esta novela corta, encontrada casi al azar. Me parece que Jacobs merecería muchos más lectores y reediciones. Esta es una larga carta de amor a su padre, Emile Jacobs, cuya vida fue realmente excepcional: comunista en Moscú, brigadista en la Guerra Civil Española, soldado en la Segunda Guerra Mundial, lector empedernido, negociante curtido, rebelde hasta el último día. La narradora es una niña que es a la vez todos sus hijos e hijas, una voz plural e infantil que va creciendo lentamente y sin que el lector casi lo note, en un juicioso ejercicio de estilo que funciona como un flujo de consciencia y mantiene un ritmo constante, casi musical, en la narración. La niña que admira a un padre idealizado se va transformando en la adulta que admira, por razones muy distintas, al viejo melancólico que no se levanta del sillón. En el fondo, se cuenta también la historia coral de una familia extensa (la primera sección parece un plano secuencia de Roma, la película de Cuarón), de la migración libanesa, de la frontera difusa entre México y Estados Unidos, y hasta del tumultuoso siglo XX.
Leído: 13/8/26
⭐⭐

Aunque la colección se llama "Conversaciones", y la presentación promete una "charla" entre Almada, Villalobos y Rivera, no es eso lo que uno encuentra realmente. Son nueve textos cortos, tres de cada autor/a, que derivan entre el diario y el ensayo pero están muy lejos del registro de una conversación o una correspondencia. Los textos fueron escritos durante la pandemia y hay reflexiones (algunas interesantes, la mayoría conocidas) sobre el aislamiento, la soledad o la quietud. Cada autor/a sigue una cierta deriva, a veces demasiado casual para terminar impresa, pero las conexiones sugeridas entre textos son muy tenues.
Leído: 9/8/26
⭐⭐⭐

Una colección de textos cortos, basados en hechos históricos reales o imaginados sobre bibliotecas, lectores y lecturas. Hay dos cosas que llaman de inmediato la atención: la erudición de Satz, y la precisión de la prosa. Las dos son virtudes, pero la primera termina por traicionar a la segunda: un dato de más aquí y otro allá van restándole ritmo a la lectura, que a veces es casi culterana y aburre. Pero la segunda virtud, esa prosa casi poética, salva al libro de la catástrofe, aunque queda la sensación de que si incluyera menos relatos sería más contudente. Un buen ejemplo de equilibrio entre erudición y prosa es la historia del saqueo británico a la biblioteca imperial de Pekín durante las guerras del opio; de ese nivel hay cinco o seis relatos.
Leído: 20/7/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Una saga familiar escondida en un estudio de carácter. Los Ganguli, inmigrantes bengalíes en Boston, transitan la segunda mitad del siglo XX entre la asimilación y la nostalgia. Entre tanto, seguimos a Gogol Ganguli desde su nacimiento hasta sus 43 años, crecemos con él, aprendemos a quererlo con todas sus contradicciones, mientras entendemos un poco sobre las nuestras. A Gogol le ponen ese nombre casi por accidente, y ese es el leitmotiv que Lahiri explota para conectarlo todo: la pregunta por la identidad, la formación del individuo, las tensiones con la familia y con la Historia. Es una novela ambiciosa y bien lograda. Hacía el final parece a punto de ceder ante una deriva romántica, pero se recupera muy bien y cierra con una de esas tomas panorámicas que confirman a la épica.
Leído: 12/7/26
⭐⭐⭐⭐

Una biografía bien documentada y bien escrita. Las autoras la estructuraron en capítulos temáticos, no necesariamente cronológicos, como extensos pies de página a las conversaciones que tuvieron con Parra en 2013; también hablaron con sus hermanos, sus hijos, sus editores, con los amigos y enemigos que aún vivían por esos años; y leyeron otras biografías y correspondencias y diarios y notas de prensa. Ese juicioso trabajo de reportería e investigación le da un estilo coral a la biografía, que por momentos parece también una biografía familiar, la de los Parra, sobre todo Violeta. La figura compleja de Nicanor se revela sobre el fondo como la de un genio lleno de contradicciones, que incluso busca y celebra las contradicciones. Quien espere un panegírico se va a llevar una desilusión: la disección es minuciosa, y entre las provocaciones estéticas y los aforismos surge un Nicanor odioso, mezquino, vanidoso. Esto no es culpa de la biografía, y más bien es su virtud, pero terminé el libro con ganas de leer a Gonzalo Rojas.
Leído: 3/7/26
⭐⭐⭐
Durante la guerra de Vietnam, un reportero y un veterano, Converse y Hicks, deciden traficar droga hacia Estados Unidos. Pero cuando deben venderla, en California, chocan con una red de narcotraficantes y policías corruptos. Lo que sigue es una persecución implacable que los lleva hasta el desierto y la frontera mexicana, con tres kilos de heroína en un morral. En el camino quedan decenas de cadáveres, Converse es torturado, su esposa cae en una espiral de adicción, y Hicks tramita sus traumas de guerra de la peor manera. La narración tarda en tomar forma, pero una vez se pone en marcha es casi un thriller, bien estructurado en capítulos paralelos de perseguidos y perseguidores; quizá le sobran algunas patadas y las imágenes sexuales típicas de la escena contracultural. No es una novela sobre la guerra, como yo suponía o esperaba, o no sobre el escenario concreto de la guerra, pero sí sobre la decadencia moral que arrastra consigo a quienes la protagonizaron.
Leído: 24/5/26


Laura Wolfson es una escritora y traductora que cuenta su propia historia con Svetlana Alexiévich, a quien conoció una década antes de que saltara a la fama. Básicamente, Wolfson enferma y tiene apuros económicos, de modo que decide poner su estabilidad, y su propia obra, por encima de la posibilidad de traducir a Alexiévich, de lo que se arrepiente cuando ésta gana el Nobel. No hay mucho más. Me molesta cuando caigo en estas jugadas editoriales: textos muy cortos inflados con juegos tipográficos, comentarios y notas. Es verdad que el prólogo de Marta Rebón es muy bueno, incluso mejor que el texto de Wolfson, pero eso no es suficiente para paliar la sensación de haber sido timado.
Leído: 23/5/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Una pequeña isla de Melanesia en la década de 1990 atraviesa una guerra civil. Matilda, una niña local, cuenta la historia: su padre ha migrado a Australia, los hombres adultos se han ido, los jóvenes se han unido a las guerrillas y la escuela se ha quedado sin maestros. En medio del caos hay un hombre blanco, el único de la isla, un expatriado melancólico que se hace cargo de la escuela de la manera más simple: lee a los niños libros en voz alta; les lee, sobre todo, libros de Dickens, y especialmente uno, "Grandes esperanzas". Matilda queda fascinada por la historia del huérfano Pip, su mejor y hasta su único amigo, pero la crueldad de la guerra da un giro inesperado a esta entrada de un personaje de ficción en la vida real. Esta es una novela inteligente y conmovedora, una bella parábola sobre el poder de la literatura, con momentos verdaderamente poéticos (como las lecciones que una anciana de la isla da a los niños sobre el color azul). Claro, la crítica fácil podría señalar la fantasía colonial del salvador blanco, el aparente racismo de toda la situación y hasta la apropiación cultural de Lloyd (escritor blanco) recreando la voz de una niña negra. Sin embargo no es tan fácil: Dickens es solo una excusa, pero Pip es el personaje perfecto para esta alegoría; en cuanto al improvisado maestro, el señor Watts, hay que leer la novela para entender lo poco que tiene de patriarca blanco. Si uno entra sin prevenciones en la fábula, al final lo importante es cómo un libro sostiene una vida, muchas vidas, en medio de la desesperanza.