Leído: 2/11/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Cuando Richard Ford publicó su cuarto libro, alguien le preguntó si era un libro político: no supo qué contestar y contestó que no, pero no quedó tranquilo con esa respuesta. Casi cuarenta años después decidió enfrentar en serio aquella pregunta en este ensayo. Es una reflexión sobre la escritura de sus primeras novelas, entre 1976 y 1987: una poética, sutilmente atravesada por aquella pregunta política. Si alguien conoce y admira la obra de Ford, este ensayo es una mina de oro sobre sus referentes y su forma de trabajar. En particular, ayuda a entender el origen de esa obra maestra que es El periodista deportivo. Si alguien desconoce a Ford pero se interesa por la escritura de ficción, el ensayo es igualmente útil: la mirada retrospectiva a la formación de un escritor, desde la distancia sabia, reposada y engañosamente sencilla de un escritor octogenario. Valga citar únicamente esta observación: "El lector puede sacar provecho de una novela cuando su autor consigue que las premisas difíciles y complejas tengan sentido, haciéndole saber que el sentido siempre es posible".
Leído: 24/10/26
⭐

Ernesto Gonzaga, antropólogo, regresa a Colombia de un largo exilio canadiense para ocupar un cargo público; debe preparar la llegada de su esposa y sus hijos, pero entre tanto el nombramiento se enreda, conoce a muchas personas y tiene casi otra vida que, al final, abandona del mismo modo en que la construyó: sin ninguna transición narrativa verosímil.
Me obligué a terminar esta novela, que quise abandonar casi desde el inicio, por la gratitud que siento por Los parientes de Ester, ese clásico indiscutible de Fayad. Fue un error. Leyendo Regresos, Fayad perdió su aura. Esta es una novela sorprendentemente mal escrita, de una prosa sin alma y poblada de formalismos, diálogos esquemáticos usados para dar información (¡errores de un escritor novato!), personajes que parecen de cartón, usan corbata y saludan de "don" y "doña". Más de 300 páginas no alcanzan para darle siquiera un rostro al protagonista, algún rasgo que cause empatía o antipatía, nada. Una pena.
Leído: 22/10/26
⭐⭐⭐⭐

Son 42 cartas escritas por Flaubert entre 1846 y 1874. Un poco más de la mitad están dirigidas a Louise Colet. Tabarovsky las escogió entre la extensa correspondencia de Flaubert por incluir comentarios extensos o importantes sobre el ejercicio de la escritura. Como no podía ser de otro modo, son cartas agudas, irónicas, a veces brutalmente honestas, y las reflexiones sobre la escritura son casi todas geniales, sorprendentemente vanguardistas: muchas de sus ideas sobre el estilo prefiguran a las de Susan Sontag un siglo después. Si uno se dedica a cazar citas, el libro está poblado de aforismos. Todo eso está muy bien pero, como es una selección tan pequeña, queda uno con la impresión de que faltó algo, quizá una introducción más completa, algún aparato crítico, notas, estudios, textos adicionales sobre el contenido de las cartas o su contexto, mejor dicho, lo teórico de la correspondencia teórica.
Leído: 19/10/26
⭐⭐⭐⭐

Iquela y Felipe, hijos de la dictadura chilena, se turnan la narración de los capítulos de esta novela. Ella es sistemática y aprensiva, él es caótico y brutal. Son hermanos por la fatalidad: sus padres, revolucionarios, sufrieron la persecución y la desaparición. Un tercer personaje llega desde Alemania, Paloma: su madre, compañera de los demás, murió en el exilio, y ella está repatriando el cadáver. Lo que viene es una extraña road movie en la que los tres cruzan la cordillera en un carro fúnebre. La narración va y viene entre los recuerdos de Iquela y los delirios de Felipe, que lleva una cuenta imposible de vivos y muertos, una resta que nunca se resuelve. Trabucco retrata muy bien la rabia, las heridas de la dictadura y la vacuidad del presente, y la prosa es original y bien lograda, pero hacia el final parece rendirse, o al menos cansarse, y deja al lector a la deriva de cualquier modo, sin cerrar ninguna de las puertas abiertas.
Leído: 11/10/26
⭐⭐⭐⭐⭐

El príncipe de Salina, don Fabrizio, es testigo de las transformaciones que la revolución de 1860 y la unificación italiana operan en Sicilia, en sus feudos, en su familia y, sobre todo, en sí mismo. La novela lo sigue por dos décadas hasta su muerte, y todavía sigue a sus hijas tres décadas más para mostrar el giro completo de la sociedad siciliana entrando al siglo XX. Es por lo tanto un enorme cuadro histórico, pero más que los hechos retrata las ideas. Con todo, es injusta la fama de una frase que aparece temprano en la novela, cuando Tancredi, el sobrino predilecto de don Fabrizio, decide unirse al ejército revolucionario: "todo debe cambiar para que nada cambie". Sería un error reducir esta novela, muchísimo más compleja, a esa fórmula oportunista. De hecho, don Fabrizio nunca lo acepta así, y la novela es especialmente sobre la resistencia del príncipe a entrar en un nuevo mundo. El gran acierto de Lampedusa es esa exploración profunda del carácter de don Fabrizio, que cierra magistralmente con el balance de su vida en el penúltimo capítulo. Por sí solo, ese capítulo le vale cinco estrellas al libro, incluso si la admiración del narrador por el personaje, y el desprecio por su contraparte, don Calogero, amenaza por momentos con la caricatura.
Leído: 23/9/26
⭐⭐⭐⭐

Una especie de autobiografía concentrada en una década (1971-1982): el personaje, sin nombre, atraviesa el final de su juventud y de la revolución, y avanza con una paradójica fortuna en el nuevo orden social. En el proceso es investigador de mercados, prófugo de la dictadura, operario de maquinaria de construcción, gerente de procesos y agregado cultural. Fogwill se mueve a través de la escritura con una fluidez que revela oficio, sin abandonar el juego y la experimentación. El narrador es como una cámara que hace un plano secuencia mientras se acerca y se aleja, entre lo cotidiano y lo filosófico, usando casi siempre las palabras precisas. Así logra que en la conversación de una pareja que cambia las pilas de un secador quede retratada la Argentina entera. En general, logra regresar con éxito a la narración desde las divagaciones y los juegos formales, excepto tal vez cuando decide describir con demasiados detalles el escenario cyberpunk de la maquinaria de construcción.
Leído: 13/9/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Cinco estrellas porque no hay seis. Luiselli domina el recurso autoficcional con la historia de una escritora recien separada que emprende un viaje con su hija adolescente tras las huellas de su origen familiar, en Sicilia. La abuela de la escritora, la Nanna, había emigrado desde allí hacía México, un siglo atrás, llevando con ella un mosaico encontrado en las ruinas de una villa romana; el mosaico representa a Proteo, un dios marino que, si es cazado, aunque se oculte en diversas metamorfosis, adivina el futuro. Con Proteo en la mochila, la escritora y su hija inician un viaje al pasado, genialmente pautado por la pérdida de memoria de su propia madre y abuela, la hija de la Nanna, que está siempre con ellas a través de mensajes y llamadas. Cuatro mujeres, entonces, cuatro generaciones, trenzadas en una historia que va y vuelve con maestría entre la memoria y la imaginación. El estilo es el mismo conjunto de fragmentos e incisos que ya había probado Luiselli en Desierto sonoro, y que aquí ya ha perfeccionado.
Simulando que no tiene un plan, Luiselli abandona a su personaje entre notas de viaje y borradores del proyecto fallido de una novela, pero el lector atento va entendiendo que esa es, precisamente, la novela, el género que Luiselli ha sabido explotar hasta los límites del ensayo sin perder nunca el pie: las reflexiones que causa la propia narración en sus protagonistas son siempre agudas y nunca están fuera de lugar; las referencias son eruditas sin ser pesadas, y siempre están justificadas. El modo en que las metamorfosis de Proteo (o la Historia Natural de Plinio el Viejo) se van revelando como claves de la estructura narrativa, es una muestra de oficio incontestable.
Imposible leer sin subrayar, sin asombrarse, sin aprender, sin emocionarse también por la propia historia del viaje al interior de la isla, al interior de sí mismas, que emprenden la madre y la hija siguiendo el rastro de la abuela y la Nanna. Cuando en un momento culminante, perdidas en el campo, se encuentran con un grupo de burros, la escena es tan bella que duele. Hay grandes novelas que se construyen alrededor de un momento como ese: una epifanía imposible sin la juiciosa construcción de un universo ficcional que la contiene en su centro.
Imposible cerrar esta reseña sin citar al menos una idea que atraviesa la novela, como principio, pero también como conclusión inevitable de la propia historia: "La imaginación mira hacia adelante y la memoria mira hacia atrás, y el lugar donde se encuentran es la ficción".
Leído: 6/9/26
⭐⭐⭐

La familia Romano, padre, madre, dos hijos y niñera, va de vacaciones a Las Vegas durante la dictadura militar argentina. El padre Romano trabaja en publicidad y le va bien, está pensando siempre en posibles negocios, pero es lo bastante inteligente como para que sus divagaciones se conviertan siempre en otra cosa, en observaciones sociológicas o psicoanalíticas que se toman el relato de improviso cada tanto. La joven niñera tiene los estrógenos por los cielos y sus fantasías sexuales, cada vez más enrevesadas, cruzan también el libro con esa capacidad que tiene Fogwill de descoyuntar la narración. El propio narrador entra sin permiso a hacer observaciones metaficcionales o simplemente a señalar un dato. El resultado es errático: ningún personaje termina de quedar caracterizado, ninguna línea narrativa o argumental se completa, y algunas eran bastante prometedoras, como la tensión sugerida entre la violencia de la dictadura y el espectáculo de Las Vegas. Se siente un poco como un proyecto dejado de lado.
Leído: 1/9/26
⭐⭐⭐

Un historiador que advierte el inminente fracaso de su carrera viaja a Los Ángeles para intentar un último truco: desempolvar las cartas que el olvidado expresidente Warren Harding intercambió con una de sus amantes. La novela narra la cacería de estos papeles en clave de sátira policiaca, pero es también un viaje a las profundidades del jet-set hollywoodense de los años ochenta. Lo primero está muy bien: revela una investigación juiciosa de la política estadounidense de la década de 1920 y una increíble capacidad de hacer divertido semejante tema. Lo segundo, la comedia de equivocaciones entre estrellas decadentes y artistas del engaño, no ha envejecido muy bien: la mayor parte del humor se sostiene en la misoginia, el elitismo o, directamente, la ramplonería. Es una novela divertida, pero ya no tanto.
Leído: 20/8/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Esta es la primera novela de Roth, escrita a sus 24 años. La protagoniza Neil Klugman, de 23, y narra el año en el que Neil y la inalcanzable Brenda Patimkin se hicieron novios para romper, meses después, lanzando a Neil al umbral de la adultez. En el relato se trenzan las tensiones de clase, el deslumbramiento de Neil ante la riqueza de los Patimkin, la ingenuidad de sus aspiraciones ("tal vez podría aprender a ser un Patimkin"), la sutil violencia del rechazo mutuo; pero también hay tensiones de género, malentendidos empeorados por las hormonas, crueldades y estupideces de lado y lado, pero sobre todo del propio Neil: en Roth los personajes nunca fueron santos, y eso puede ser molesto para algunos lectores, pero yo creo que esa exploración de nuestras contradicciones es un gran logro narrativo.
Es impresionante cómo, aún tan joven, Roth conoce a sus personajes, cómo entiende la complejidad de su carácter; aquí ya está clara su capacidad de observación, la agudeza de sus comentarios sociales, su maestría en los diálogos, su olfato para las escenas culminantes, como ese maravilloso monólogo de Leo Patimkin, borracho al final de una fiesta, sirviendo de metonimia para todo el relato. Otra lección de escritura de Roth.
Leído: 15/8/26
⭐⭐⭐⭐⭐

Qué sorpresa fue para mí esta novela corta, encontrada casi al azar. Me parece que Jacobs merecería muchos más lectores y reediciones. Esta es una larga carta de amor a su padre, Emile Jacobs, cuya vida fue realmente excepcional: comunista en Moscú, brigadista en la Guerra Civil Española, soldado en la Segunda Guerra Mundial, lector empedernido, negociante curtido, rebelde hasta el último día. La narradora es una niña que es a la vez todos sus hijos e hijas, una voz plural e infantil que va creciendo lentamente y sin que el lector casi lo note, en un juicioso ejercicio de estilo que funciona como un flujo de consciencia y mantiene un ritmo constante, casi musical, en la narración. La niña que admira a un padre idealizado se va transformando en la adulta que admira, por razones muy distintas, al viejo melancólico que no se levanta del sillón. En el fondo, se cuenta también la historia coral de una familia extensa (la primera sección parece un plano secuencia de Roma, la película de Cuarón), de la migración libanesa, de la frontera difusa entre México y Estados Unidos, y hasta del tumultuoso siglo XX.
Leído: 13/8/26
⭐⭐

Aunque la colección se llama "Conversaciones", y la presentación promete una "charla" entre Almada, Villalobos y Rivera, no es eso lo que uno encuentra realmente. Son nueve textos cortos, tres de cada autor/a, que derivan entre el diario y el ensayo pero están muy lejos del registro de una conversación o una correspondencia. Los textos fueron escritos durante la pandemia y hay reflexiones (algunas interesantes, la mayoría conocidas) sobre el aislamiento, la soledad o la quietud. Cada autor/a sigue una cierta deriva, a veces demasiado casual para terminar impresa, pero las conexiones sugeridas entre textos son muy tenues.