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Albert, joven y rico heredero, adquiere el viejo castillo de Argol e invita a una pareja de amigos, Herminien y Heide, a pasar allí una temporada. La misteriosa atmósfera del castillo se va apoderando del trío, que conforma un trágico triángulo amoroso mientras el aislamiento los hunde en una desesperada euforia. Es la primera novela de Gracq, pero ya está casi definido el estilo de su prosa, que en "El mar de las Sirtes" alcanzaría su plenitud. Formalmente es estupendo, y hay pasajes de gran fuerza poética, como el paseo del trío para nadar en el mar cerca del castillo; pero más allá de eso el tema es tedioso, la exploración existencialista es redundante, y las alusiones filosóficas tan literales que, más que pedantes, parecen ingenuas.
