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La familia Romano, padre, madre, dos hijos y niñera, va de vacaciones a Las Vegas durante la dictadura militar argentina. El padre Romano trabaja en publicidad y le va bien, está pensando siempre en posibles negocios, pero es lo bastante inteligente como para que sus divagaciones se conviertan siempre en otra cosa, en observaciones sociológicas o psicoanalíticas que se toman el relato de improviso cada tanto. La joven niñera tiene los estrógenos por los cielos y sus fantasías sexuales, cada vez más enrevesadas, cruzan también el libro con esa capacidad que tiene Fogwill de descoyuntar la narración. El propio narrador entra sin permiso a hacer observaciones metaficcionales o simplemente a señalar un dato. El resultado es errático: ningún personaje termina de quedar caracterizado, ninguna línea narrativa o argumental se completa, y algunas eran bastante prometedoras, como la tensión sugerida entre la violencia de la dictadura y el espectáculo de Las Vegas. Se siente un poco como un proyecto dejado de lado.
