⭐⭐⭐⭐⭐

Qué sorpresa fue para mí esta novela corta, encontrada casi al azar. Me parece que Jacobs merecería muchos más lectores y reediciones. Esta es una larga carta de amor a su padre, Emile Jacobs, cuya vida fue realmente excepcional: comunista en Moscú, brigadista en la Guerra Civil Española, soldado en la Segunda Guerra Mundial, lector empedernido, negociante curtido, rebelde hasta el último día. La narradora es una niña que es a la vez todos sus hijos e hijas, una voz plural e infantil que va creciendo lentamente y sin que el lector casi lo note, en un juicioso ejercicio de estilo que funciona como un flujo de consciencia y mantiene un ritmo constante, casi musical, en la narración. La niña que admira a un padre idealizado se va transformando en la adulta que admira, por razones muy distintas, al viejo melancólico que no se levanta del sillón. En el fondo, se cuenta también la historia coral de una familia extensa (la primera sección parece un plano secuencia de Roma, la película de Cuarón), de la migración libanesa, de la frontera difusa entre México y Estados Unidos, y hasta del tumultuoso siglo XX.
