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Al principio es una historia del aceite de palma africana, de cómo se expandió por el mundo. Desde la brutal expedición de "castigo" en la que el imperio británico borró del mapa al milenario Reino de Benín, hasta el reparto colonial de África tras la primera guerra mundial. El aceite de palma está en las barras de jabón de las cruzadas de higiene victorianas, en los enlatados de las campañas militares, y hasta en la dinámita y el napalm: su omnipresencia le sirve a Haiven para conectar los puntos de la expansión imperial con el capitalismo moderno y la actual crisis ambiental. Pero el libro se va volviendo poco a poco un encendido panfleto contra los archiconocidos males del capitalismo, se olvida de las palmas y del aceite y repite hasta el cansancio lecciones de economía política. Es una lástima que la potencia narrativa del ensayo quedé opacada por esa queja enfadada que a veces domina a los académicos.
